Papel en espiral
Vueltas equidistantes o la espiral logarítmica áurea, listas para calcar, diseñar o componer sobre ellas.
Vueltas equidistantes o la espiral logarítmica áurea, listas para calcar, diseñar o componer sobre ellas.
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Una espiral de Arquímedes avanza la misma distancia en cada vuelta, por lo que la separación entre espiras no cambia nunca. Es el surco de un vinilo, una cuerda enrollada o la base de mandalas y rosetones. La espiral logarítmica, en cambio, multiplica su radio por una proporción fija cada cuarto de vuelta, creciendo sin cambiar de forma: la concha del nautilus, las semillas de un girasol o un huracán.
Con un crecimiento del 162 % por cuarto de vuelta, la espiral logarítmica se convierte en la espiral áurea, que aproxima la sucesión de cuadrados de Fibonacci. Si reduces el crecimiento, la espiral se cierra; si lo aumentas, se expande.
La rotación define dónde empieza la espiral, algo fundamental a la hora de componer sobre ella.
Todas las hojas son gratuitas, configurables y se imprimen a escala exacta.
Un 162 % por cuarto de vuelta. Esta es la proporción áurea (1,618) aplicada cada 90°, la espiral que encaja con los rectángulos de Fibonacci.
La de Arquímedes. Sus espiras equidistantes ofrecen franjas del mismo ancho para rellenar, que es justo lo que requiere un mandala.
Porque realmente lo está: una espiral logarítmica no tiene un centro en el sentido habitual, solo se aproxima a uno. Ajusta la rotación para orientarla como prefieras.